En estas vacaciones por el noroeste argentino pasaron muchas cosas interesantes, la que hoy nos ocupa es la visita al Museo de Arqueología de Alta Montaña de la ciudad de Salta (MAMM)(1) donde además de ver las valiosas piezas y las momias incas conocidas como “Niños del Llullaillaco”, tuve la oportunidad de conocer a la gente de la cooperativa de campesinos que cultiva y produce el amaranto en esa provincia. El amaranto no es estrictamente un cereal sino que pertenece a otra rama botánica (quenopodiáceas) que incluye a verduras como la acelga y la espinaca. Sin embargo -y a pesar que sus hojas tiernas son también utilizadas en alimentación- son sus semillas las que despiertan gran interés nutricional a causa de estudios que demuestran el gran potencial proteico. Es un alimento adecuado para celíacos, diabéticos, regímenes hipocalóricos, niños, adolescentes, ancianos y convalecientes. Se lo considera un pseudocereal, ya que tiene propiedades similares a las de los cereales pero botánicamente no lo es aunque todo el mundo los ubica dentro de este grupo.

Me presenté como miembro del consejo directivo de la Federación de Cooperativas de enseñanza y afines y enseguida nos encontramos saboreando algunas golosinas (pochoclo, barritas) hechas con amaranto y pensando en como difundir este cereal en las escuelas de la provincia de Buenos Aires.
Según algunos investigadores el cultivo de amaranto o Huautli en América se remonta a más de siete mil años.
En el sitio San Miguel es Amaranto de Mexico podrán encontrar la historia del Amaranto. De esta página destacamos: "Hace más de 500 años, antes que se llevara a cabo la conquista, el grano de amaranto constituía uno de los elementos básicos de la oferta nutricional de los habitantes de Mesoamérica, compitiendo en importancia con el maíz y el frijol. A partir de la información recogida en los diversos códices y por lo que se desprende de los vestigios antropológicos estudiados, se sabe ahora que existieron miles de hectáreas dedicadas al cultivo del amaranto, en las que florecían a plenitud las hermosas plantas, altas, coloridas y vistosas, que los Mexicas llamaban “huauhtli”.
Tanto lío con las retenciones por la soja y Argentina (América latina en rigor) tiene al verdadero Alimento del Futuro. La planta, originaria de América y de alto valor nutritivo, se utilizaba antes de la llegada de los españoles. Produce granos harinosos alimenticios que entregan una proteína similar a la de la leche de vaca y de acuerdo a estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), sobre un valor proteico ideal de 100, el amaranto posee 75, la soja 68, el trigo 60 y el maíz 44.
Otra de las ventajas del cultivo de amaranto, es el buen rendimiento que logra aún en condiciones de estrés ambiental, como son las sequías y altísimas temperaturas.
Retomando la historia, según los indicios existentes, cada año las 17 provincias sojuzgadas por el Emperador Moctezuma, enviaban a éste como tributo a la Gran Tenochtitlán más de 20,000 toneladas de grano de amaranto, de lo que se puede colegir que este grano llegó a representar un verdadero elemento de comercio, con gran valor de cambio"
¿Cereales Sagrados o malimentos para salvajes?: La quinoa y el amaranto.
Con la conquista los españoles decidieron exterminar estos cultivos por sus implicancias religiosas y el significado de autosuficiencia que tenían para los nativos. Las plantaciones fueron quemadas y su consumo fue prohibido, dándosele el rotulo despectivo de “alimentos para salvajes”. Es más, pocos saben que la aún utilizada expresión “me importa un bledo” refleja el sentimiento de desprecio de los españoles respecto al grano de amaranto. Si buscamos la palabra bledo en un moderno diccionario de la RAE, encontramos “planta anual comestible de la familia de las quenopodiáceas; cosa insignificante, de poco o ningún valor”.
En el Congreso Mundial convocado en 1979 por la Academia de Ciencias de los Estados Unidos y la Organización de Alimentación y Agricultura (FAO) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el amaranto fue señalado como uno de los cultivos con mayor potencial para la explotación económica y nutricional a gran escala.
La Academia de Ciencias de los Estados Unidos incluyó al amaranto en la lista de las 23 plantas que pueden ser usadas para mejorar la nutrición y la calidad de vida de las personas en zonas tropicales.
(1)El Museo de Arqueología de Alta Montaña, donde conocí a la cooperativa fue creado por el Gobierno de la Provincia de Salta para resguardar, estudiar y difundir, el hallazgo de los “Niños del Llullaillaco”, sin duda uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos años.
Estos tres niños incas fueron hallados en marzo de 1999, congelados en la cima del volcán Llullaillaco, a 6.700 mts. de altura. Y junto a ellos, ciento cuarenta y seis objetos que componen su ajuar, ese mundo en miniatura que los acompañó en su viaje al más allá. Por los estudios realizados se supo que vivieron hace más de 500 años, durante el apogeo del estado inca, poco antes de la llegada de los españoles.
El Museo presenta de manera didáctica, desde una visión científica, este maravilloso hallazgo que permite ver y comprender una cultura que aún hoy permanece viva.
Más info sobre las cualidades del amaranto y la quinoa, incluyendo recetas en
Escrito por Roberto Schimkus en: 02:17 AM
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En La ignorancia debida (1) (Marcelo Cereijido y Laura Reinking) plantean la imposibilidad de inculcar una visión científica del mundo a jóvenes a quienes, simultáneamente, se les enseña que San Cayetano tiene suficiente poder sobre la industria, el mercado y la bolsa de valores como para generar empleo, San Antonio consigue novios, San Roque controla la conducta de los perros y los disuade de morder con sólo exclamar: San Roque, San Roque, que este perro no me toque". Cereijido retoma tópicos que ya planteó magistralmente en otras obras (La nuca de Houssay, La ciencia argentina entre el Billiken y el exilio; Ciencia sin seso locura doble; Por qué no tenemos ciencia) pero en este caso, junto a Reinking, logran un "gran" libro de divulgación científica, no por su tamaño, que es reducido, ni por el precio (U$S 5,25 o $15) sino por el modo en que despliega sus ideas argumentando sólidamente contra el autoritarismo y el oscurantismo.
"En la actualidad,- dice - lo que establece esa disparidad sideral (entre pobreza y riqueza) es una ciencia moderna que ha partido a la humanidad en un Primer Mundo que investiga, crea, produce, vende, decide, define, dicta, impone, censura, invade, y en un Tercero que viaja, se comunica, viste, cura y mata con vehiculos, ropas, medicamentos y armas que han inventado los del primero. Y, por supuesto, al hacerlo se anega en deudas impagables, desocupacion, miserias, hambre e ignorancia."
Un interesante debate se desató en la sala de profesores durante el pasado año cuando pregunté: ¿Puede un Profesor de Física leer el horóscopo durante el recreo y luego entrar al curso a enseñar Física a sus alumnos del Polimodal? ¿No es una contradicción?..
No había leído aún La ignorancia debida y obviamente los autores no contestan puntualmente mi pregunta pero ejemplifican de distintos modos muchas de las contradicciones y errores al momento de enseñar ciencia. Marcelino Cereijido es Doctor en Medicina (UBA) y profesor de Fisiología Celular y Molecular del Centro de Investigaciones Aplicadas de México. 
Cereijdo y Reinking señalan que "Si se está jugando a la ciencia y la tecnologías modernas, a la Argentina no le queda otra alternativa que aprender y poder participar en dicho juego". Para los gobernantes y políticos responsables de la implementación de las políticas de CyT, los autores dicen que cada vez que los universitarios proponen desarrollar la ciencia moderna reciben la respuesta: Ahora tenemos problemas graves y urgentes, pero prometemos que cuando los resolvamos, apoyaremos a los investigadores . Ante esta respuesta los autores señalan que "en primer lugar , posponer el desarrollo de la ciencia hasta que resolvamos nuestros problemas suena a ahora tengo que lidiar con todas estas ecuaciones diferenciales pero, en cuanto las resuelva, voy a estudiar matemáticas.
Una de mis muletillas preferidas es: ¿Y entonces, qué?. Generalmente recurro a ella cuando me veo involuntariamente involucrado en esas conversaciones que desembocan rápidamente en la discepoliana conclusión de que todo es una "porquería" y que nada se puede hacer.. (Cambalache y Que vachaché). Generalmente esos diagnósticos apocalíticos, integran un coctel paralizante compuesto por nihilismo, escepticismo y cinismo.
Dependiendo de la situación a veces intento meter un bocadillo sobre la acción social significativa y el papel de la política en las transformaciones necesarias. Pero en general me va mejor cuando lo combino con la pregunta ¿Y entonces, qué? porque vuelve a poner la pelota en manos del interlocutor pero acotando los márgenes del juego al preguntar sobre cómo esta persona piensa que se soluciona el caos que describe. En general terminamos conversando amigablemente sobre la complejidad de algunos problemas y las múltiples variables que intervienen en esa complejidad.
Los autores titulan ¿Y entonces, qué? el capítulo V de La ignorancia debida y subrayan: "Los argentinos carecen de un aparato científico - técnico - productivo como el que tienen todos y cada uno de los países del Primer Mundo y ninguno del Tercero. Pero son unos pocos pueblos que si entendieran, revisaran sus bases éticas, su visión de la realidad, la compararan con lo que se necesita para abrirse camino en el mundo moderno, tendrían en sus manos la herramienta fundamental del cambio. Los pueblos que atesoran un sólido núcleo y lo ensamblan a su maquinaria industrial, sanitaria, educacional, política. Cereijido en este último capítulo se esmera en rgumentar dos cosas: 1) que los argentinos tienen con qué y
2) que la oportunidad no dejará de presentarse.
También proponen que debería articularse un curso maestro para difundir rápida y eficazmente la visión científica bajo el lema: Todo aquel que tenga que ver con la actividad científica debe tener una idea de que es la ciencia moderna. Y se refieren claro a todo investigador, divulgador, director de institución científico académica, empleado administrativo, auxiliar, legislador, empresario, maestro. O sea mucha gente que debería conocer el ABC de la ciencia moderna. Hasta que el curso sea realidad a todos ellos recomiendo este libro.
Dice Cereijido (Pág 161): La ciencia moderna es, antes que nada, una manera de interpretar la realidad. Por lo tanto las ideas ejes del curso son:
1) Mostrar como interpreta la ciencia actual las distintas facetas de la realidad:
Qué dice del origen, edad y estructura del universo; qué opina de los mitos y las religiones; de la riqueza y la pobreza; de la pedagogía; del concepto de evolución; de la sociedad, cómo está organizada en los distintos países del Primer Mundo, etc.
2) Cómo llegó a forjarse la visión que tiene actualmente de esa realidad, es decir, cuáles fueron los grandes pasos (sin caer en las consabidas enumeraciones históricas de los grandes genios, ni los grandes inventos, ni las grandes posiciones filosóficas ), cómo entiende su propia historia (cómo se fue gestando la ciencia moderna).
Y por supuesto, recomienda, deberá incluir una parte en la que se discutan las principales concepciones erradas de lo que es la ciencia. (tema que trata específicamente en el capítulo II)
También ha escrito, junto a Fanny Blanck sobre La vida el tiempo y la muerte. A quién le interese, aquí pueden encontrar el libro en formato digital.
Lejos del coeficiente que atormenta a los deudores hipotecarios en la argentina postdevaluación, el otro CER, el que refiere al problema del recalentamiento global, no fue ratificado por Rusia en la última convención de la ONU sobre cambio climático.
Una vez más se postergó la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto en la Novena Conferencia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que concluyó hace dos semanas en Milán. Ver el informe de Carmen Pignotti en la Nación .
En continuar leyendo algunas datos y reflexiones sobre los proyectos denominados "Mecanismo de Desarrollo Limpio" (MDL) que no son otra cosa que una nueva modalidad del mundo globalizado: los negocios ambientales o de como nos explican porque debemos seguir siendo subdesarrollados "en nombre del planeta".
Para los especialistas esta postergación no fue sorpresiva. Hubiera sido un triunfo político de la Conferencia pero por esta vez no pudo ser. El Protocolo, que impone límites a las emisiones de gases de efecto invernadero, debía ser ratificado por Rusia, pero por cuestiones de política interna, Vladimir Putin, decidió postergar la decisión para después de marzo 2004, siempre y cuando logre su re-elección como presidente. Un poco de historia: La Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (1992) fue el punto de partida para que las naciones reconozcan el problema del cambio climático, y para que los países industrializados asuman compromisos para estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero. Una manera de buscar que la humanidad se adapte al proceso de calentamiento global.
El Protocolo de Kyoto entrará en vigor una vez que sea ratificado por al menos 55 países, que representen el 55% de total de emisiones de dióxido de carbono (CO2). Actualmente todos los países del Anexo I han ratificado el Protocolo, menos Australia, Rusia y EEUU. Nadie espera que EEUU ratifique el protocolo pero en cambio se espera que, en algún momento, lo haga Rusia.
En 1997 en la tercera Conferencia de las Partes se establecieron por primera vez las metas de reducción de GEI. En ésta conferencia se aprobó el Protocolo de Kyoto (PK), por el cual las partes que son países desarrollados se comprometen a reducir sus emisiones globales de gases de efecto invernadero, por lo menos en un promedio 5.2% respecto al año 1990, para el periodo del 2008 al 2012.
Que este es uno de los temas de debate actual es indudable. Esto sin olvidar que para América Latina y otras regiones del Tercer Mundo, el desafío actual pasa en primer lugar, por revertir la degradación ambiental que surge de la miseria y el estancamiento económico.
Mientras tanto a favor del encuentro de Milán, se puede argumentar que al menos logró evitar que Washington entorpezca aún más las negociaciones multilaterales y entierre definitavamente el Protocolo de Kyoto.
Según Pignotti, Estados Unidos envió la delegación más numerosa a la conferencia anual (más de 60 personas). Si bien el grupo incluía a algunos parlamentarios demócratas que respaldan a Kyoto, el mensaje más enfático fue el de la administración Bush: "el mundo debería encarar el desarrollo de nuevas tecnologías como eje de la lucha contra el cambio climático y no sujetar a los países a límites de emisiones de gases como el dióxido de carbono".
A pesar de que cada vez más Estados norteamericanos están adoptando políticas propias de reducción de emisiones, Washington mantuvo firme su oposición a Kyoto,
A lo que apunto es que no necesariamente lo que es malo para EEUU es bueno para nosotros. Creo que es necesario reflexionar un poco más sobre a quién benefician estos mecanismos en el mediano y largo plazo. En medio del creciente deterioro de la cohesión social que viene sufriendo America Latina, estos temas parecen ser(nos) ajenos. En una región donde ningún gobierno pudo revertir los niveles de desigualdad respecto a los imperantes hace tres décadas atrás, los temas de medio ambiente pasan a un segundo o tercer plano. Esto no debe distraernos respecto a la importancia que los países desarrollados otorgan al tema. América Latina y otras regiones del tercer mundo son vistas como RESERVAS para el hiperconsumismo exacerbado del mundo desarrollado. Y desde la lógica de mercado a la que nos tienen acostumbrados esas reservas se convierten en objeto de deseo y por lo tanto en negocio. Los proyectos denominados "Mecanismo de Desarrollo Limpio" (MDL) son una nueva modalidad del mundo globalizado, son negocios ambientales.
En términos de desarrollo sustentable uno de los ejes de discusión pasa por estos tópicos: el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) es un instrumento flexible establecido en el Protocolo de Kyoto, por medio del cual los gobiernos o entidades privadas de países desarrollados (Anexo I) pueden comprar las Reducciones de Emisiones de Gases de efecto Invernadero (GEI)
originadas en proyectos realizados en países en desarrollo, y acreditarlos para
el cumplimiento de compromisos de reducción de emisiones de GEI.
Desde la propuesta consensuada por el protocolo el MDL está destinado a cumplir con dos objetivos principales:
- Ayudar a los países desarrollados (Anexo I) a cumplir sus metas de reducción de emisiones de GEI.
- Apoyar a los países en desarrollo en la transferencia tecnológica y fomentar el desarrollo sostenible.
Como las Reducciones de Emisiones de GEI provenientes de los proyectos se miden en toneladas de CO2 equivalente, y se traducen en Certificados de Emisiones Reducidas (CERs), los cuales pueden ser vendidos en el mercado de carbono a países industrializados, a fin de contribuir a que estos últimos cumplan con parte de sus compromisos de reducción y mitigación de las emisiones de GEI, y al mismo tiempo contribuyan al desarrollo sostenible en los países en vías de desarrollo.
Bajo el esquema de Kyoto, los países industrializados, aquellos que más han contribuido a la problemática del cambio climático, reconocen su compromiso de limitar emisiones y de asistir a los países de menores recursos para lograr un desarrollo económico sustentable. Esto significa que un país desarrollado que se haya comprometido internacionalmente a la reducción podría comprar
emisiones de reducción certificadas (CER) a un país en vías de desarrollo (vende) y acreditarselas como si las hubiera realizado en su propio territorio.
Me viene la idea de un arreglo del tipo: "Uds. permítannos seguir contaminando. Les compramos parte del aire no contaminado de vuestras economías atrasadas. Nosotros nos equivocamos pero ya es tarde para que cambiemos. Uds. traten de no contaminar más porque el planeta no lo resistiría" Genial. Casi como pedirnos que sigamos atrasados para que ellos puedan disfrutar de su desarrollo.
Algo de esto ya habíamos anticipado al incluir, en este mismo weblog, parte de la entrevista al economista Christian Comeliau, quien pone en evidencia el tema citando a quienes sostienen "lo que hicimos nosotros está muy bien, pero ustedes no lo pueden hacer, por razones planetarias, ecológicas, sociales"? Comeliau dice "Si uno se enfrenta a millones de personas que necesitan consumir, ¿con qué derecho podríamos rechazar esto? Es extremadamente difícil tomar esta postura, y al mismo tiempo va a ser necesario, por razones de imposibilidad. Me parece que hay que plantear el problema de otra manera: no se le puede rehusar a nadie el progreso social, pero el crecimiento ilimitado, a largo plazo, es insostenible".(Clarin)
Más info
Un powerpoint de Nicaragua con transparencias sobre el tema:
La página del FONAM de Perú con abundante información sobre CERs y MDL
Comentario y fragmento
del libro de los uruguayos Rodrigo Arocena y Judith Stuz, a quienes tuve la enorme satisfacción de tener de profesores en la maestría CTS de la UNQ (si bien no pude demostrar ser un "buen alumno" no dejo de admirar su excelente trabajo y de reconocerles todo lo aprendido). El libro es "una importante y novedosa contribución desde la óptica latinoamericana a la reflexión sobre la naturaleza de los procesos de innovación y de su impacto sobre el desarrollo. Es el fruto de una continuada labor de análisis sobre los fundamentos y condicionantes del desarrollo científico y tecnológico que han realizado los autores durante los últimos años. El enfoque de la temática complementa las tradicionales visiones de la innovación y del desarrollo e incorpora dimensiones específicas de los países que en el libro se definen como periféricos, y que constituyen un importante referente para comprender las claves del mundo actual".
Altamente recomendable para aquellos interesados en el tema. En continuar leyendo tienen un fragmento del libro, extraído de la página de la OEI.
Fragmento del libro:
Conclusión[…] Este libro ha sido escrito como respuesta a una invitación del programa "Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación" (CTS+I) de la Organización de Estados Iberoamericanos, a cuyo desarrollo queremos contribuir desde el enfoque recién reseñado.
Lo fecundo de semejante programa tiene mucho que ver con la diversidad. Son varias las perspectivas desde las que se han estudiado en profundidad aspectos de las relaciones entre Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). A nuestro juicio, las más ricas comparten una visión que no atiende sólo a los "impactos" de la investigación sobre la sociedad ni sólo a los "condicionamientos" que ésta ejerce sobre aquélla, sino a las "interacciones" de una y otra, en una tradición claramente señalada por uno de los pioneros del tema, John Bernal, y que puede remontarse a grandes maestros que siguen influenciando profundamente dicha visión desde contribuciones tan distintas como las de Marx o Schumpeter.
La variedad de las interacciones y la complejidad de los problemas requiere necesariamente la contribución de saberes y enfoques distintos. Si las prácticas académicas no apuntan a superar las vallas entre comunidades de investigadores, mal podrán colaborar a la generalización de los diálogos en el seno de la sociedad en su conjunto acerca de la problemática del conocimiento. Si se aspira a lograr algún grado de comprensión y de incidencia socialmente positiva en lo que se refiere a los procesos de innovación, se requiere la contribución de investigadores de distintas disciplinas, pero sobre todo la de otros actores, insertos en los mundos de la producción, la educación, la comunicación, la gestión pública.
Vemos pues, la temática CTS+I como un terreno de encuentro entre personas de distintas inserciones geográficas y laborales, que comparten la preocupación por promover la creatividad colectiva para que el conocimiento contribuya mejor a la expansión de las libertades y de la calidad de la vida en común, y sirva menos a la desigualdad, la destrucción y la degradación ambiental.
A la agenda de trabajo en ese terreno nos interesa en grado sumo colaborar desde nuestra inserción específica, en tanto universitarios de un pequeño país periférico. No es del caso efectuar aquí propuestas concretas y detalladas, sino tan sólo anotar algunos aspectos que vale la pena tener en cuenta.
El crecimiento del conocimiento hace cada vez más difícil la comprensión por los "legos" de gran parte de los asuntos que los involucran, al tiempo que nos convierte a todos en legos respecto a la mayoría de los temas, y a muchos, en especialistas estrechos. El problema es medular para el ejercicio de la ciudadanía, para la noción de cultura y, last but not least, para la orientación de la innovación.
Tal problema replantea de manera aguda las preguntas de qué y cómo enseñar, más allá de la especialidad elegida por el alumno; esas preguntas son sobre todo importantes en relación a la enseñanza de las disciplinas científicas para las personas que no gustan de ellas y no planean utilizarlas ni en sus estudios ni en sus prácticas laborales.
Al respecto, una de las herramientas potencialmente útiles es la enseñanza de distintos temas, que pueden ser englobados en el campo CTS, en los niveles terciario y medio y también fuera del sistema formal o tradicional de educación. La idea orientadora es que muchas personas pueden sentirse atraídas por una u otra faceta de las relaciones mutuas entre la ciencia, la tecnología y la sociedad, lo cual puede constituir su punto de entrada al estudio y a la reflexión sobre tales cuestiones. Nunca hay que olvidar las obvias verdades de que se aprende desde lo que se sabe y desde lo que interesa. Por consiguiente, una primera condición necesaria para el éxito es organizar la docencia a partir de los intereses genuinos de aquellos a quienes se la ofrece, de sus conocimientos, preocupaciones y proyectos; no puede sino ser una enseñanza muy dependiente del contexto, abierta a la experimentación y a la diversidad. Una condición no menos necesaria es que la docencia se estructure de manera genuinamente interdisciplinaria, propiciando diálogos plurales. Y, como en toda enseñanza activa, debe apuntar a que quienes desean aprender puedan definir y realizar algún trabajo por cuenta propia, lo cual, como actitud, se parece mucho a buscar soluciones para algún problema. En suma, se trata de enseñar en una genuina perspectiva de CTS+I.
Ofertas educativas de ese tipo pueden colaborar a ampliar el acceso a una dimensión de la cultura, como lo es la creación científica y tecnológica, y a la formación ciudadana, en la medida en que ayuda a capacitarse para incidir en la decisión de algunas cuestiones importantes que a todos incumben.
Como hemos argumentado en el capítulo 9, la emergencia de la sociedad capitalista del conocimiento, plagada de desigualdades y esencialmente concentrada en ciertas áreas geográficas reducidas, pero con impactos enormes en todo el planeta, hace de la democratización del conocimiento un desafío mayor de nuestro tiempo. Entre las diversas condiciones necesarias para encararlo con algunas posibilidades de éxito -no parece haber ninguna condición que por sí sola sea suficiente para ello- se destaca la transformación profunda de la enseñanza: es preciso hacer realidad la educación permanente, expresión abreviada con la que designamos la generalización del acceso a la enseñanza avanzada y de calidad, ofrecida de maneras diversas, renovable a lo largo de la vida entera y vinculada con el desempeño laboral.
Modalidades educativas con varias de esas características ya existen hoy, pero son el patrimonio de minorías, con lo que tienden a ahondar las divisorias del aprendizaje. Para revertir la tendencia, se precisan cambios apreciables en esos universos, usualmente conservadores y satisfechos consigo mismos, que son los sistemas formales de enseñanza. Se necesita su colaboración para que dejen de ser el teatro por excelencia de la educación, nada menos, puesto que la educación permanente para todos no saldrá de la mera retórica hasta que realmente concibamos como aula potencial a todo ámbito social -granja, fábrica, hospital, laboratorio, taller, centro turístico, estudio asesor, banco de fomento, etc.- donde una tarea socialmente útil se lleve a cabo con altos niveles de calificación y eficiencia. Para ofrecer oportunidades a tantas personas con débiles posibilidades ocupacionales -sobre todo en los países periféricos, a la gran cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan- hay que ir convirtiendo en realidad esas potencialidades, ante todo detectando las experiencias exitosas y aprendiendo de ellas.
Las universidades tienen mucho que aportar a esa labor, y muy graves serán las consecuencias si no lo hacen. Cabe sospechar que la medida en que contribuyan -o dejen de hacerlo- a las tareas estrechamente interconectadas de la democratización del conocimiento y de la generalización de la enseñanza avanzada, muy vinculada con el trabajo y renovable a lo largo de la vida entera, definirá el perfil social de las universidades en el Siglo XXI (Arocena y Sutz, 2001; Marcovich, 2002).
Una de las grandes metas para la transformación necesaria de la educación es vincularla con la expansión de las capacidades colectivas para la innovación. Se trata, en especial, de impulsar las conexiones de la enseñanza formal, y sobre todo de las modalidades para su permanente renovación, con las prácticas laborales en espacios interactivos de aprendizaje, lo que, a su vez, puede favorecer a estos últimos, particularmente a través de la incorporación sistemática de gente joven y muy calificada.
Desde perspectivas de CTS+I, no poco se puede aportar a la exploración de posibilidades para entretejer educación e innovación y, más en general, a aprender de la sociedad acerca de cómo enfrentar los grandes problemas de nuestro tiempo.
Las lecciones más importantes que así se pueden obtener tienen que ver con las posibilidades de cooperación entre actores con intereses y saberes diferentes. La concepción de la innovación como fenómeno interactivo y distribuido pone esa cuestión en el centro de la atención. Para que agentes distintos puedan de alguna manera colaborar y complementarse, se requieren niveles significativos de integración social, y también una cierta "horizontalidad tecnológica", en tanto disponibilidad de competencias que permitan una participación efectiva. La innovación como solución de problemas establece límites fuertes a la "delegación" de tareas en la materia, si se quiere que redunde en beneficios colectivos. Para lograr esto último, el involucramiento en la orientación, generación y difusión de lo nuevo debe ser, pues, muy superior a lo que sucede y se supone adecuado, sobre todo en el mundo del subdesarrollo, donde resulta especialmente importante ampliar, tanto en términos de individuos como de grupos, la participación en tales actividades.
Lo anotado es cardinal para una concepción del desarrollo centrada en el protagonismo de diversos actores colectivos. Al respecto, un problema mayor viene dado por las difíciles relaciones entre la introducción de avances técnicos y la actuación de los trabajadores; en la sección 3.6, "Antagonismos en el mundo del trabajo", notamos que en ese terreno se despliegan algunos de los aspectos más conflictivos de los procesos de innovación. Al mismo tiempo, las modalidades predominantes en la producción contemporánea ofrecen mayores posibilidades para conjugar eficiencia e involucramiento de los productores directos, como lo destacan Amable, Barré y Boyer (1997: 331-334). Aprovechar las posibilidades técnicas exige capacidad para pasar con rapidez de una tarea a otra, para actualizar competencias y para aprender a un nivel alto, lo que naturalmente requiere ciertas garantías de estabilidad laboral. Si los trabajadores disponen de tal capacidad, podrán colaborar a la mejor adaptación de los nuevos equipos y procedimientos productivos, originando incluso innovaciones. Sus reivindicaciones, en materia de seguridad y condiciones de vida en el trabajo, pueden tanto generar conflictos como incitar a la mejora de los procesos productivos, reduciendo los riesgos de contaminación y obteniendo productos de mayor calidad. La opción por los bajos salarios, el autoritarismo en las relaciones laborales, la precariedad del empleo y los despidos frecuentes llevan a desaprovechar esas nuevas posibilidades. Pero aprovecharlas no es nada fácil, pues tiene que ver con la introducción en la práctica de nuevas relaciones de cooperación, en contextos donde persistirán la contraposición de intereses y los conflictos.
En suma, todos los caminos conducen a Roma: afrontar la problemática de la innovación técnico-productiva exige ante todo capacidad de innovación social.
Más información en http://www.campus-oei.org/publicaciones/otros_sutz.htm
Entrevista: CHRISTIAN COMELIAU, economista.
El crecimiento ilimitado a largo plazo, es insostenible.
El casi siempre inasible concepto de desarrollo continúa siendo uno de los tópicos mas recurrentes cuando se mira la economía de los "paises en desarrollo". Christian Comeliau, economista francés, diferencia desarrollo de crecimiento, y explica como "la reciente experiencia mundial muestra cómo el proceso puede generar inequidad y deterioro del medioambiente si se busca sólo el lucro sin ninguna racionalidad". También señala que "hace falta un reconocimiento del carácter profundamente político, y no tecnocrático, del proceso de desarrollo, porque frente a las opciones de medios se imponen opciones de objetivos y, por lo tanto, arbitrajes entre los diversos intereses presentes: no existe una verdadera estrategia de desarrollo que pueda evitar la pregunta ¿desarrollar qué y para quién?".
Interesante entre vista de Mabel Thwaites Rey, en Clarín.
Uno de los supuestos básicos de la teoría económica dominante es que se puede crecer indefinidamente. ¿Es así realmente?
— Este es un tema central de la evolución de nuestro mundo y no sólo para economistas. Fíjese que cualquier jefe de empresa, responsable de administración, hombre político, sea cual fuere su orientación política —izquierda, derecha, centro—, siempre habla de crecimiento.
En general, suele asociarse crecimiento con desarrollo. ¿Son conceptos interdependientes?
— Desde hace un poco más de medio siglo, es decir desde que los especialistas en ciencias sociales y los responsables de las políticas económicas hablan de "desarrollo", se vinculan ambos conceptos. El proceso de crecimiento —de la producción de mercancías y del ingreso global— en el marco de los Estados nacionales constituye un elemento central en las teorías y en las prácticas del desarrollo. Sobre todo en las estrategias centradas en los países "subdesarrollados".
¿Y es posible que estos países puedan seguir los pasos de las naciones que lograron crecer?
— Este es justamente el problema. El crecimiento se plantea como un seguimiento de lo que pasó hasta acá en los países desarrollados, como una imitación. Se mira el desarrollo en términos de alcanzar metas cuantitativas. Ahí es cuando se da un problema muy grave. Se sabe que el mismo sistema que genera crecimiento produce desigualdades que son acumulativas, algo que es central.
Ya nadie niega el aumento acelerado de la cantidad de pobres producido en los años recientes.
— Claro. Los fracasos evidentes del desarrollo para una proporción creciente de la población mundial se deben a la incapacidad manifiesta del modelo dominante para cumplir sus propias promesas, y por lo tanto, a la imposibilidad, cada vez más evidente, de generalizar al conjunto del planeta un desarrollo de tipo occidental. Por eso digo que debería analizarse el crecimiento pasado (cuyos resultados son innegables) a la vez como un éxito y como un fracaso, si nos referimos a sus objetivos declarados de enriquecimiento y de mejora del bienestar material general. Porque el crecer provocó destrucción ambiental y mayor pobreza.
¿Por qué sigue estando entonces en el centro del modelo dominante?
— El problema es que la pretensión del crecimiento ilimitado como objetivo de desarrollo está en contradicción total con la escasez de recursos, que es uno de los fundamentos del razonamiento económico en sí mismo. Para extender el nivel de vida occidental a una población de seis mil millones de habitantes sería necesario un aumento fantástico del consumo de energía, de materias primas y de mercancías, que sobrepasa en mucho la "capacidad de carga" de nuestro planeta.
¿Cómo se resuelve la cuestión, en vistas a las crecientes necesidades materiales de la mayor parte del mundo?
—Justamente, creo que hoy en día pasamos una fase que llamaría de inmadurez del desarrollo, y hay que plantear el tema en otros términos. Pero hay una dificultad política fundamental. ¿Con qué derecho nosotros, universitarios, occidentales, miembros de los países industrializados, decimos "lo que hicimos nosotros está muy bien, pero ustedes no lo pueden hacer, por razones planetarias, ecológicas, sociales"? Si uno se enfrenta a millones de personas que necesitan consumir, ¿con qué derecho podríamos rechazar esto? Es extremadamente difícil tomar esta postura, y al mismo tiempo va a ser necesario, por razones de imposibilidad. Me parece que hay que plantear el problema de otra manera: no se le puede rehusar a nadie el progreso social, pero el crecimiento ilimitado, a largo plazo, es insostenible.
¿Cómo se cambia, entonces, el modelo?
—Insisto: no se puede eliminar completamente el crecimiento, porque es inevitable y deseable. A una población que no tiene suficiente alimentación y que crece hay que darle más alimentos. Lo más importante es no centrarse en formas de desarrollo sólo ligadas al crecimiento. Hay que pensar en lo que está ocurriendo en los países ricos, donde tenemos una forma de vida marcada por una especie de locura del consumo, que no aumenta ni la felicidad de la gente, ni el bienestar, ni el equilibrio social, ni la viabilidad política de las sociedades. Ahí tenemos que cambiar. Y creo que podemos imaginarnos otro tipo de objetivos que no sea el aumento de bienes y servicios.
¿Cómo cuáles?
—Por ejemplo, la autonomía de las colectividades. No estoy recomendando un desarrollo autárquico y cerrado, pero no puede ser que sean las organizaciones internacionales las que definan cómo tiene que ser el desarrollo social en Argentina, en Tailandia, en Africa. La autonomía, que ya es un objetivo en sí, supone relacionar la cultura de la sociedad y privilegiar su propia concepción de la viabilidad social. Deseamos llegar a un modo de producción y de consumo en el cual las formas de desigualdad escandalosas que permite el crecimiento sean suprimidas. Es decir, que se razone sobre objetivos distintos.
Usted sostiene en sus trabajos que la economía no puede estar divorciada de los objetivos que se plantea la sociedad, que son de naturaleza política.
—Es necesario reconocer, formal y definitivamente, la imposibilidad de todo criterio único de gestión del desarrollo. Pero es precisamente un criterio único, el de la maximización del lucro y del poder, el que impone el sistema de la modernidad neoliberal. En lugar de ese criterio exclusivo y del modelo de desarrollo único que de ello deriva, se hace esencial afirmar la exigencia de reconocimiento del pluralismo: pluralidad de las concepciones y de los objetivos posibles del desarrollo y pluralidad de los medios de regulación de la economía (no sólo los mecanismos del mercado) incorporando otros de inspiración más colectiva. Las cuestiones económicas, sociales y ecológicas, que el mercado solo no resuelve, plantean la necesidad de opciones políticas a nivel de los objetivos, y de fórmulas de economía mixta a nivel de los medios, desde la oferta como desde la demanda.
Suena a un complejo cambio de concepción.
— Cierto. Exigen un cambio profundo de la actitud de los responsables respecto del desarrollo. Hace falta un reconocimiento del carácter profundamente político, y no tecnocrático, del proceso de desarrollo, porque frente a las opciones de medios se imponen opciones de objetivos y, por lo tanto, arbitrajes entre los diversos intereses presentes: no existe una verdadera estrategia de desarrollo que pueda evitar la pregunta "¿desarrollar qué y para quién?".
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Mabel Thwaites Rey mthwaites@clarin.com