En estos momentos en que buena parte de los músicos argentinos estamos discutiendo la mejora de las condiciones en que se crea y se hace música en nuestro país, es oportuno recordar algunos de los conceptos que el músico Gilberto Gil pronunció en su discurso de asunción como Ministro de Cultura del Brasil.
Es también oportuno recordar(nos) que un cambio de estas características en las que se pretende y compromete la construcción de una nueva realidad o el reconocimiento de una realidad oculta, esto es la materialización y actualización de un conjunto compartido de ideas, de anhelos, de valores. En el siglo XXI esto significa la aceptación de la diversidad cultural. Y esto se hace discutiendo ideas y no meramente personas. Claro que la opinión de gente reconocida por sus prácticas, oficios u artes es fundamental (léase los famosos), Pero también la de los miles que, más acá o más allá de la pantalla de su televisor, son los que pacientemente construyen día a día el tejido de aquello que se ha dado en llamar la cultura de un país, de un continente, un colectivo. Desde nuestra perspectiva esta cultura debe ser leída como “las” culturas. Porque este plural reclama el reconocimiento de la diversidad cultural, y aún así la cultura puede ser entendida como unidad (unidad en la diversidad), como el conjunto de rasgos y características que hacen a la identidad de una nación.
Porque son muchas las discusiones inútiles que se arman sobre cual debe ser el rol del estado frente a la cultura y, en nuestro caso particular, a la música. Discusiones, muchas veces inútiles, que se alejan del fondo de la cuestión, la definición de políticas culturales, para encallar en discursos grandilocuentes e inconducentes, para finalmente hartar(nos) y dejar todo como está. O sea mal.
Pero veamos algunas de las cosas que dijo entonces este músico de 63 años:
Comenzando por el rechazo al término folklore que asocia directamente con la discriminación; continuando con su concepción de la cultura como la usina de símbolos de un pueblo; la labor del ministerio como un ejercicio de antropología aplicada; el rol del Estado: "el Estado no hace cultura sino que crea las condiciones de acceso universal a los bienes simbólicos".
Cultura y Folklore: “Cultura, como dijo alguien, no es apenas “esa especie de ignorancia que distingue a los estudiosos”. Tampoco es lo que se produce únicamente en las áreas canonizadas por los cánones occidentales. Del mismo modo, nadie va a escucharme jamás hablar de folklore. Es que los vínculos entre el concepto erudito del folklore y la discriminación cultural son más que estrechos: son íntimos.
Folklore es todo aquello que por su antigüedad no se encuadra en la cultura de masas y es producido por gente inculta, por “primitivos contemporáneos”, como una especie de enclave simbólico e históricamente atrasado en el mundo actual. No existe el folklore, existe la cultura”.
Cultura y valor de uso:
“La cultura vista como todo aquello que en el uso de cualquier cosa se manifiesta más allá del mero valor de uso. Cultura como eso que en cada objeto que producimos trasciende lo meramente técnico. Cultura como usina de símbolos de un pueblo. Cultura como conjunto de signos de cada comunidad y toda una nación. Cultura como el sentido de nuestros actos, la suma de nuestros gestos, el sentido de nuestras maneras".
Cultura y Estado: ”Con esta perspectiva, las acciones del Ministerio de Cultura deberán ser entendidas como ejercicios de antropología aplicada. El ministerio debe ser como una luz que revela en el pasado y en el presente las cosas y los signos que hicieron y que hacen que (un país sea un país) Brasil sea Brasil."
“El Estado no hace cultura, el Estado crea las condiciones de acceso universal a los bienes simbólicos, las condiciones de creación y producción de bienes culturales, sean artefactos o mentefactos”.
El acceso a la cultura como un derecho básico. “Es porque el acceso a la cultura es un derecho básico de la ciudadanía, como el derecho a la educación, la salud, el medio ambiente saludable. Y es porque al invertir en las condiciones de creación y producción estaremos tomando una iniciativa de consecuencias imprevisibles y ciertamente brillantes y profundas, ya que la creatividad cultural brasileña, de la colonia hasta hoy, siempre fue mucho más allá de lo que permitían las condiciones educacionales, sociales y económicas de nuestra existencia." "En rigor, el Estado nunca estuvo a la altura del hacer de nuestro pueblo. Por lo tanto, es preciso ser humildes y al mismo tiempo no dejar de actuar como Estado. El Estado no debe optar por la omisión, evadir responsabilidades, apostando todas las fichas a los mecanismos fiscales, entregando así la política cultural a los vientos, los sabores y los caprichos del dios-mercado. Claro que las leyes y mecanismos de incentivo fiscal son de la mayor importancia, pero el mercado no lo es todo y nunca lo será, su lógica siempre es regida por la ley del más fuerte."
Sobre la intervención estatal y la “clientela”: "El ministerio no puede ser una caja que pase presupuestos a una clientela preferencial. El Estado no hace cultura, pero formula políticas públicas para la cultura, no con la mentalidad del viejo modelo estatista sino para abrir caminos, estimular, abrigar. Para hacer una especie de don antropológico, masajeando puntos vitales momentáneamente despreciados y dormidos del cuerpo cultural del país. En fin, para atizar lo nuevo y reavivar lo viejo.
Entonces, no se trata sólo de expresar o reflejar. Las políticas para la cultura deben ser intervenciones, como caminos reales y vecinales, como caminos necesarios y atajos urgentes. Por eso es que la política cultural del gobierno (Lula) pasa desde este instante a ser parte del proyecto general de construcción de una nueva hegemonía en nuestro país. Como parte del proyecto de construcción de una nación realmente democrática, plural, tolerante, parte de un proyecto creativo y consistente de radicalidad social".
Completar la construcción de una Nación:"Tenemos que completar la construcción de la nación, incorporar segmentos excluidos, reducir las desigualdades que nos atormentan. O no tendremos cómo recuperar nuestra dignidad interna, cómo afirmarnos ante el mundo, cómo sustentar el mensaje que tenemos para dar a este planeta siendo una nación que se prometió a sí misma el ideal más alto que se puede proponer una colectividad: el ideal de la convivencia y la tolerancia entre seres y lenguajes diversos".
La multiplicidad cultural: "El papel de la cultura en ese proceso no es apenas táctico o estratégico, es central. La multiplicidad cultural (brasileña) es un hecho. Paradójicamente, nuestra unidad cultural también lo es. De hecho, podemos decir que nuestra diversidad interna es hoy en día uno de nuestros trazos de identidad más nítidos. "
Para ver el discurso completo en la contratapa del Suplemento Radar
Otro artículo sobre el tema en Página 12
Un editorial de INTERLINK donde Alejandro Piscitelli celebra la llegada al ministerio de Gilberto y comenta acertadamente el discurso.
También y aunque es otro tema (del que ya venimos hablando en SURI) su discurso traducido en BarrraPunto, sobre el lanzamiento de Creative Commons.