Según la Nota de la Nación que hoy comentamos: Cada año, en la Argentina se gradúan casi 15.000 economistas y contadores, 10.000 abogados, 5400 médicos y 4300 arquitectos, pero sólo unos 3300 ingenieros y 1500 científicos en disciplinas básicas como química, física y biología. La nota es de Raquel San Martín de la Redacción de LA NACION.
Una de las preguntas que siempre me hago es qué profesionales salen de las universidades, en este caso, el artículo que comentamos no responde a eso, al menos cuantitativamente, pero si aporta datos interesantes: Cada año, en la Argentina se gradúan casi 15.000 economistas y contadores, 10.000 abogados, 5400 médicos y 4300 arquitectos, "pero" sólo unos 3300 ingenieros y 1500 científicos en disciplinas básicas como química, física y biología. Según los últimos datos oficiales disponibles sobre graduados de universidades públicas y privadas, en 2002 egresaron 74.798 nuevos profesionales en la Argentina, el 42% de los cuales estudió una carrera del campo de las ciencias sociales. El 21,6% egresó de ciencias aplicadas (el grueso en arquitectura, ingeniería e informática); el 17,2% lo hizo de ciencias humanas; el 16,9%, de ciencias de la salud y el 2,3% estudió ciencias básicas. Como en aquella famosa "Radiografía de la Argentina", que realizó el sociólogo Artemio López sólo 3 de cada 100 argentinos son graduados universitarios, casi igual al porcentaje de analfabetos, por lo que la "masividad universitaria argentina" es simplemente una imagen.
Las diez carreras que más egresados producen agrupan a las tradicionales: economía y administración (14.870 graduados), derecho (9959), medicina (5312), carreras paramédicas (4736), educación (4575), arquitectura y diseños (4352), psicología (3558), informática (3556), ingeniería (3506) y artes (2494).
En consonancia con la distribución de los estudiantes, el 75% de los nuevos profesionales se gradúa en universidades públicas. "Lo primero que se ve es que los graduados son pocos en relación con los que se inscriben", dijo a LA NACION el secretario de Políticas Universitarias, Juan Carlos Pugliese. En efecto, unos 300.000 jóvenes inician todos los años sus estudios universitarios en el país. "Hay una concentración de graduados en disciplinas fuertemente profesionalistas y en áreas sociales, lo que marca la desvinculación de la oferta universitaria con las necesidades productivas del país", agregó. Para muchos especialistas, en tanto, no preocupa tanto que haya muchos profesionales, sino pocos científicos. "Una de las deficiencias de nuestro sistema es que no tiene empuje la promoción de carreras científicas, no sólo en ciencias básicas, que son las que más se han desarrollado, sino un abordaje científico y de investigación en ciencias sociales y humanidades", afirmó Ana García de Fanelli, especialista en educación superior e investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes). Para Fanelli, promover un abordaje científico en las carreras no sólo permitiría tener más competitividad para el desarrollo tecnológico y renovar la masa crítica de investigadores en distintos campos, sino mejorar la calidad del sistema en sí mismo. "Los docentes que están investigando enriquecen sus clases y hacen intervenir a los estudiantes", dijo.
La pregunta que se hace inevitable ¿Debería el Estado orientar la elección de carrera de los jóvenes? Mientras algunos sostienen que para hacerlo tendrían que existir primero objetivos claros de desarrollo nacional -¿cuántos médicos, abogados, psicólogos e ingenieros necesita el país?, ¿cómo definir ese número?-, en general se acepta la necesidad de una intervención estatal que, sin restringir, abra oportunidades.
Esa comienza a ser la tendencia. Este año, el Ministerio de Educación ofreció 1000 becas para estudiar carreras consideradas prioritarias para el desarrollo nacional, determinadas según un estudio del Ministerio de Economía. Entre ellas, están bioingeniería, estadística, microbiología, veterinaria, biología, física, ciencias del suelo, genética y un amplio abanico de ingenierías -civil, aeronáutica, de materiales, en alimentos, agropecuaria, informática, rural y textil-, un listado que se ampliará
próximamente.
"Las becas son una herramienta de política para orientar la matrícula. Respetamos la autonomía universitaria para fijar la propia oferta, pero reservamos la atribución del Gobierno para incentivar algunas carreras",dijo Pugliese. Dijo que eso se puede lograr con becas, financiando planes
de mejora -como se está haciendo con las ingenierías- o difundiendo la
importancia de ciertas carreras.
Prejuicios La orientación vocacional también desempeña un papel importante. Muchas veces la elección de la carrera está influida por prejuicios o mitos más que por datos reales. Por ejemplo, en la percepción social sobre las carreras en las que se consigue trabajo, las más difíciles -típicamente, las que tienen mucha matemática, física o química- o las más largas.
"Creo que el Estado debería promover ciertas carreras, en particular las ciencias básicas naturales y la matemática y las tecnológicas. Necesitamos más graduados que se dediquen a la investigación y docentes que enseñen muy bien las ciencias naturales y la matemática",señaló Alicia Camilloni, especialista en educación y vicerrectora de la Universidad de Palermo (UP). Sin embargo, aclaró, "no es suficiente
otorgar becas de estudio". "Es indispensable que los estudiantes perciban que después es posible conseguir trabajo. Hay que mostrar un país en el que hay un sistema de investigación abierto a la gente joven,
una profesión docente respetada y un aparato productivo capaz de absorber a los graduados universitarios", agregó Camilloni. Fanelli coincidió. "No se le puede decir a alguien que no estudie una carrera si no se le da otra opción. Se pueden generar becas para estudiantes de carreras de investigación básica y en campos poco desarrollados de las ciencias sociales y humanas, pero también tiene que haber espacios físico para trabajar, un mercado académico y laboral para que se integren", dijo.
En todo caso, como apuntó la investigadora, "lo que dicen estas cifras es que hay en la gente una vocación de estudiar y hacer cosas. El tema es darles alternativas".
En un destacado que transcribimos: Universitarios y analfabetos El mapa de los profesionales argentinos coincide con las cifras de graduación. Según datos del Indec, en la Argentina se cuentan 1.142.152 graduados universitarios. De ellos, el 15,8% pertenece al campo de las ciencias económicas (180.374 profesionales), seguidos de cerca por los médicos y auxiliares de la medicina (177.030 personas) y los abogados (145.194). A pesar de la idea de masividad que se tiene de la universidad argentina, el número total de graduados no es alto: representa el 3,14% de la población total del país y casi el equivalente de los analfabetos.