En una nota en La Nación el director argentino-israelí evoca al humanista palestino, fallecido el 25 de septiembre del año último. Ambos estuvieron unidos por una pasión común: la música. Y además eran amigos entrañables. 
Según Barenboim, "el pensamiento y el estilo de Said, excelente pianista, tenía raíces musicales. De la música procedían su interés por el detalle, la distinción entre poder y fuerza, la necesidad de unir la lógica y los sentimientos y su búsqueda de la integración en todos los campos de la cultura"
En este post seleccionamos un par de párrafos y el enlace al artículo completo:
Para Barenboim, el palestino Edward Said, fue muchas cosas para mucha gente pero, en realidad, su alma era el alma de un músico, en el sentido más profundo de la palabra. El pianista y director argentino israelí dice: "Escribió sobre temas universales importantes como el exilio, la política, la integración. Sin embargo, lo más sorprendente para mí, como su gran admirador y amigo, fue comprobar que en muchas ocasiones él llegaba a formular sus ideas y conclusiones por medio de la música y, paralelamente, veía la música como un reflejo de las ideas que tenía sobre otros temas".
Según Barenboim, con respecto a la educación musical Said advertía "un signo que le molestaba sobremanera, percepción que muy pronto nos unió: inclusive cuando había educación musical, ésta se hacía de un modo muy especializado. En el mejor de los casos, se brindaba a los jóvenes la oportunidad de practicar un instrumento, de adquirir conocimientos imprescindibles acerca de teoría, de musicología y de todo lo que un músico necesita profesionalmente pero, al mismo tiempo, se generalizaba una incomprensión creciente de un problema a la vez simple y complejo que es la imposibilidad de articular con palabras el contenido de una obra musical. Al fin y al cabo, si fuera posible expresar en palabras el contenido de una sinfonía de Beethoven, no la necesitaríamos más. Pero el hecho de que exista esta imposibilidad de expresar en palabras el contenido de la música no significa que no haya contenido. Por eso afirmo que la cuestión es simple y compleja a la vez. .
"También diferenciaba muy bien el poder y la fuerza, lo que constituyó una de las ideas principales de su lucha. Sabía muy bien que, en la música, con fuerza no hay poder, algo que muchos dirigentes políticos en el mundo no perciben. La diferencia entre poder y fuerza equivale a la diferencia entre volumen e intensidad en la música. Cuando se habla con un músico y se le dice: "Lo que estás haciendo no tiene suficiente intensidad", la primera reacción es aumentar el volumen. Y se trata justamente de lo contrario: cuanto menor es el volumen, mayor es la necesidad de intensidad y, cuanto mayor es el volumen, es más necesaria una fuerza tranquila en el sonido".
Por último destacamos el siguiente párrafo: Son éstos algunos ejemplos que ilustran mi convicción de que la concepción de la vida y de la música de Said se originaba y residía en la música. Otro ejemplo se encuentra en su idea de interconexión, de vinculación. En música no existen elementos independientes. ¡Cuántas veces pensamos, tanto en lo personal como en lo social o lo político, que hay ciertas cosas independientes y que, al hacerlas, no tendrán influencia en otras o que esta vinculación se mantendrá oculta! Esto no sucede en la música porque en ella todo está interconectado. La melodía más simple, con una armonía compleja, cambia drásticamente de carácter e intención. Eso se aprende de la música, no de la vida política. Así surge la imposibilidad de separar elementos, la percepción de que todo está conectado, la necesidad de unir siempre el pensamiento lógico a la emoción intuitiva. ¡Cuántas veces cada uno de nosotros piensa que debe meditar algo fríamente! Lo sabemos muy bien pero nos olvidamos de que la emoción no nos permitirá hacerlo. ¿Cuántas veces sucumbimos a la tentación de abandonar toda lógica por una necesidad emotiva, por un capricho emotivo, por la seducción de la emoción? En la música eso es imposible, ya que no se puede hacer música exclusivamente con la razón o con la emoción. Voy más allá: si esos elementos se pueden separar, ya no se trata de música sino de una colección de sonidos. Si el oyente al oír algo puede afirmar que - tiene una lógica impresionante pero emocionalmente no me convenció - o, en cambio, - cuánto me atrajo, qué emocionante fuerza emotiva tiene aunque no era muy lógico -, para mí eso a lo que se refiere ya no es música. Para Said tampoco lo era".
Y la reflexión final: "El pueblo palestino perdió con su muerte a uno de sus abogados más lúcidos, aunque fue y es muy criticado en su propio país. Para Israel fue un adversario formidable, aunque abogó tanto por un reconocimiento mutuo como por la aceptación del sufrimiento del otro. Sin embargo, ¡cuántos líderes israelíes hubieran preferido olvidarse de la existencia de Edward Said"!
Por Daniel Barenboim
Nota completa en LA NACION - Chicago, 2004 (hay que ser usuario registrado para acceder a la nota)
En la foto Barenboim y Said al momento de recibir el Premio Príncipe de Asturias.
(El texto original fue elaborado sobre la base del homenaje que, este año, el maestro Barenboim rindió a Said en la UBA.)
Para quienes quieran profundizar en el pensamiento de Edward Said, la revista Ñ publicó un artículo de Carlos Altamirano, en el número aniversario, donde se comenta su obra.