Transcribimos parte de un artículo de Néstor T. Auza y Patricio H. Handle en LA NACION, que vuelve a poner el tema de las políticas públicas en el área de Ciencia y la Tecnología.
Aquí un resumen: "En un gesto creativo, en 1958 el Poder Ejecutivo fundó tres organismos atípicos destinados a impulsar el avance en tres campos vitales para el país, como lo son el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)".
Se le confió la conducción de este último al premio Nobel de Medicina doctor Bernardo Houssay, quien, como conocedor de lo que debe ser el desarrollo de la ciencia, le infunde un espíritu poco común en un organismo del Estado al privilegiar el mérito personal y el esfuerzo metódico de los investigadores. Mas allá de la labor individual o en equipo, exigirá tanto como valorará; algo inusual en la administración pública que hará que este organismo se sitúe desde un principio en una categoría especial dentro del Estado.
Este espíritu fundacional, basado en una burocracia reducida y de calidad, se fundamenta en la dedicación exclusiva y en un rendimiento del que debe darse cuenta en informes anuales o bianuales, según las categorías. Para ello el investigador ha de estar remunerado en forma decorosa y sometido a un riguroso sistema de promociones que es un estímulo a la par que un condicionamiento, algo desconocido en otros ámbitos del Estado, incluida la Universidad.
El Conicet, el INTI y el INTA nacen como organismos técnicocientíficos independientes del poder político y de la Universidad, y como vías alternativas para hacer investigación.
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