Para eso les hicieron previamente implantes de microelectrodos en sus
cerebros. Este es un artículo de Valeria Román (vroman@clarin.com) para el diario Clarín.
Ivy y Aurora son las monas macacos que enorgullecen a Nicolelis. Ellas pensaron una idea: controlar el cursor de un videojuego. Y la concretaron con sólo pensarlo: le mandaron la orden a un brazo robótico. En los lóbulos parietales y frontales de sus cerebros, las monas tenían implantados un conjunto de microelectrodos humanos que les permitieron seguir el videojuego maniobrando un brazo
robótico.
La investigación fue realizada durante tres años, según contó Nicolelis, que
trabajó junto con José Carmena y Craig Henriquez. Fue publicada ayer en la
Biblioteca Pública de la Ciencia en Internet (www.plos.org/) y en setiembre
en Proceedings de la Academia de Ciencias de EE.UU.
El primer paso de los investigadores fue el implante de los electrodos. A
una de las monas le colocaron 96 y a la otra, 320. Esta diferencia no se
notó en el comportamiento que esperaban de los animales.
Una computadora registró las señales generadas por los cerebros de las monas cuando manipulaban una palanca que controlaba un brazo robótico para seguir el videojuego. A cambio, los investigadores les daban jugo como recompensa.Después, la palanca fue desconectada por los investigadores. Y el brazorobótico monas< pasó a ser controlado directamente por las señales que provenían de los implantes. Las monas se dieron cuenta entonces de que no necesitaban usar sus propios brazos y parecían estar "felices" del descubrimiento.
Es decir, lo más sorprendente fue que, después de varios días de jugar, las
monas comprendieron que no necesitaban mover su brazo verdadero. Sus músculos se distendieron completamente y controlaron el brazo robótico con la ayuda del cerebro. Con el análisis de las señales registradas en la computadora, los científicos demostraron que los animales asimilaron el brazo robótico. "Las células cerebrales modificaron sus propiedades fisiológicas, a pesar de que se trataba de un brazo externo", explicó Nicolelis a Clarín.
Los resultados del experimento "nos dan una esperanza enorme para ayudar a
los pacientes con parálisis por un ataque cerebrovascular, accidentes
automovilísticos o esclerosis lateral amiotrófica, entre otros problemas que
provocan dificultades para hacer movimientos", opinó.
En 1999, Nicolelis y su equipo habían logrado que similares electrodos
consiguieran que unas cincuenta ratas tomasen agua con sólo pensarlo. Al
pasar a investigar con monos, tuvieron que enfrentar a organizaciones
defensoras de animales. Nicolelis se defendió diciendo que las monas eran
tratadas como si fueran seres humanos. Ahora, espera contar con la
aprobación del gobierno de EE.UU. para probar los electrodos en pacientes y
abrir pronto un centro especializado en su país natal, Brasil.